POSITIVISMO VS. NATURALISMO, SEGÚN NORBERTO BOBBIO.

 

Después de tratar con los dos popes máximos del positivismo jurídico, Kelsen y Hart, hagamos un poco de retrospección, y clarifiquemos mejor las ideas sobre el Iusnaturalismo y el Iuspositivismo. Para ello, veamos qué nos dice al respecto Norberto Bobbio, uno de los mayores defensores del positivismo jurídico.

 

Según Bobbio, podemos distinguir tres tipos de criterios dentro del Iusnaturalismo:

1.- El criterio clásico, o escolástico, sostiene que el derecho natural es un conjunto formado por los primeros principios éticos, generalísimos, en los cuales el legislador debe inspirarse a la hora de formular las reglas del derecho positivo: este último, según la exposición de Santo Tomás, procede del derecho natural o per conclusionem o per determinationem. En esta concepción, el derecho natural es un sistema compuesto de poquísimas normas (según algunos, tan sólo contiene una norma), que tienen por destinatarios principales no tanto a todos los hombres, sino, más bien, a los legisladores. De este hecho derivó, para algunos escolásticos, la consecuencia de que los súbditos debieran obedecer también las leyes injustas, mientras la injusticia no fuera insoportable, por el hecho de que tales leyes están legítimamente promulgadas.

2.- El derecho natural es un conjunto de dictamina rectae rationis que contribuyen, ayudan y complementan la materia de la reglamentación, mientras que el derecho positivo es el conjunto de casos práctico-políticos (que buscan la institución y organización de un poder coactivo) que determina la forma de los dictámenes del derecho natural. En otras palabras, el derecho natural constituye la parte preceptiva de la regla, la parte que determina la atribución de una determinada calificación normativa a cada comportamiento realizado, y el derecho positivo la parte punitiva, la que aplica una regla eficaz en un mundo que, como todo lo humano, está dominado por pasiones que generalmente obstaculizan el correcto obrar según la razón. Según la terminología kantiana, la distinción entre derecho natural y derecho positivo corresponde a la distinción entre derecho provisorio y derecho perentorio: lo que cambia en el derecho positivo con respecto al derecho natural no es el contenido, sino los diversos procedimientos empleados para hacerlo valer. En esta acepción, el derecho natural es el producto de las relaciones de coexistencia de los individuos más allá del Estado, y que tiene como destinatarios, además del legislador, a los distintos sujetos particulares.

3.- El derecho natural es el fundamento o sostén de todo el ordenamiento jurídico positivo. Al contrario de lo que ocurre con la teoría precedente, aquí el contenido de la regulación está determinado exclusivamente por el legislador humano (el Soberano): la función del derecho natural es pura y simplemente la de dar fundamento de legitimidad al poder del legislador humano prescribiéndoles a los súbditos que obedezcan con todo lo que el Soberano manda. Esta idea está caracterizada, a criterio de Bobbio, en la teoría hobbesiana (“la ley natural manda obedecer todas las leyes civiles en virtud de la ley natural que prohíbe violar los pactos celebrados”, De Cive, XIV, 10). Así, el derecho natural se reduce a una sola norma. En una comunidad de sujetos iguales: “Se debe mantener las promesas”; en una comunidad de sujetos desiguales: “Se debe obedecer los mandatos del superior”. Como se ve, aquí la ley natural sirve únicamente para habilitar, para poner en funcionamiento al sistema; una vez que está instaurado, el sistema funciona solo. La ley natural, así concebida, tiene como destinatarios solamente a los súbditos. En este sentido, las partes, entre derecho natural y positivo, terminan invirtiéndose: aquí el derecho natural hace posible la aplicación del derecho positivo, ya que lo legitima; mientras que en la acepción 2) el derecho positivo hace posible la aplicación del derecho natural, ya que le da efectividad. En la doctrina kantiana el derecho es todo natural salvo cuando se trata de la coacción; en la doctrina hobbesiana, todo es positivo salvo en el procedimiento de legitimación. Esta segunda concepción representa, también históricamente, el paso del iusnaturalismo al positivismo jurídico.

 

Tres momentos de la crítica positivista:

A cada una de las tres formas de iusnaturalismo que hemos explicado, le corresponde un momento distinto de la crítica positivista. Cada una de las tres formas de iusnaturalismo representa un modo de afirmar que el derecho positivo depende del derecho natural; los tres principales momentos de la crítica positivista representan los varios modos en que el derecho natural no cumple con tal premisa, lo que deriva en su total eliminación.

1.- Contra la posición tradicional del iusnaturalismo, corresponde la crítica historicista, que no admite los principios éticos autoevidentes como valores absolutos y universales. Las pretendidas leyes naturales primarias son meramente formales (al estilo de bonum faciendum, male vitandum) y por lo tanto resulta imposible darle un contenido preciso, lo que lleva a que cada uno le dé la interpretación que más le plazca. Todas las principales corrientes filosóficas del siglo XIX fueron, en este aspecto, anti-iusnaturalistas: desde el historicismo de derecha al de izquierda, del positivismo evolucionista al sociológico, del utilitarismo al pragmatismo, y hasta el irracionalismo compartió con las demás filosofías este rasgo. Si no existen leyes de la conducta que sean universalmente válidas, y si las leyes que regulan la vida y la sociedad de los hombres son cambiantes en el tiempo, no se puede establecer otro criterio sobre qué es lo bueno y qué lo malo que lo que dictamina la autoridad constituida, el legislador humano, el soberano. Allí donde son varias las interpretaciones posibles de la ley natural, la interpretación más segura es aquella en quien descansa el consenso de la Historia, que se manifiesta o bien en forma de acontecimiento político (teoría realística) o bien como aprobación de la mayoría (teoría democrática).

2.- Contra la segunda forma de iusnaturalismo, la crítica positivista fue siempre clara al afirmar que no existen materias jurídicas privilegiadas, y que, por lo tanto, todo comportamiento puede convertirse en contenido de una norma jurídica. De este modo, lo que hace de una regla de conducta una norma jurídica no es su especial contenido, sino el particular modo de producción o de ejecución de la misma. Así, se reconocen las típicas teorías positivistas del Derecho como Mandato del Soberano o como Norma Coactiva: la característica de estas doctrinas consiste en trasladar el elemento constitutivo de la noción de derecho desde la materia a la forma de la regla jurídica (de allí la frecuente identificación del positivismo jurídico con el formalismo). En términos kantianos, se podría decir que el positivismo jurídico es, en este aspecto, una doctrina que hace de la perentoriedad la característica esencial del derecho.

3.- Contra la última posición del iusnaturalismo -aquella que le atribuye a la ley natural la función de Atlante, de norma fundamental, de todo el sistema jurídico positivo- se yergue el principio positivista por excelencia: el principio de efectividad, que entiende que un derecho no se puede fundar sobre otro derecho distinto (ya que habilitaría así un proceso al infinito), sino sólo sobre un hecho. De este modo, lo que hace que un conjunto de reglas de conducta en una determinada sociedad sean considerado como un ordenamiento jurídico no es la existencia de un deber de obediencia de los miembros de la sociedad, derivado de una ley extrapositiva, sino el simple hecho, históricamente verificable, de que ese ordenamiento es obedecido habitualmente por la mayoría de las personas sobre las que rige. Si algún autor ha pretendido mantener con vida la teoría iusnaturalista de la norma fundamental, ésta se ha transformado, con la doctrina de Kelsen y sus seguidores, no ya en una norma como todas las demás, sino en una hipótesis científica, una norma a la cual no se le puede aplicar el problema de la validez como a las demás normas, debido a que esta norma hipotética sólo tiene existencia cuando goza de eficacia.

 

Tres formas de Positivismo Jurídico:

A cada uno de los momentos de crítica al Iusnaturalismo corresponden tres formas principales de cómo se presentó históricamente el positivismo jurídico:

1.- El positivismo jurídico como una ideología de la justicia: se afirma que las leyes válidas deben ser obedecidas incondicionalmente, es decir, independientemente de su contenido, ya que existe una obligación moral de obedecer las leyes válidas. Esta posición se denomina también formalismo ético, y se puede definir sintéticamente como la concepción que sintetiza la justicia en la validez, en tanto que considera justa las leyes por el solo hecho de ser válidas. Esta concepción puede ser considerada como una respuesta por parte de las corrientes historicista y relativista contra el iusnaturalismo: allí donde no existe una ley moral objetiva, accesible a la razón natural del hombre, el único remedio que nos queda entre tanta confusión de juicios morales, que provocan violencia y anarquía, será la sumisión a la razón artificial del soberano (Hobbes), o bien a la razón histórica que surge de vez en cuando a través de la voluntad general (Rousseau) o del Estado (Hegel).

2.- El positivismo jurídico como teoría general del derecho: se caracteriza por la reducción del derecho al derecho estatal, y del derecho estatal al producto del legislador: de aquí se deriva la común atribución al derecho de los caracteres propios del derecho legislativo del Estado moderno (generalidad, imperatividad, coacción, presunta completitud). La teoría formalística del derecho propia del positivismo jurídico es, en ciertos aspectos, una respuesta a la pretensión del iusnaturalismo de base racionalista de distinguir lo que es de lo que no es jurídico antes de que sean puestas en acto aquellas técnicas de organización de la sociedad en que consiste el Estado, entendido como aparato de monopolio de la fuerza en un cierto grupo social.

3.- El positivismo jurídico como modo de acercamiento al derecho (metodología del derecho): éste es el objetivo del jurista. El objetivo de la ciencia jurídica no es considerar al derecho según lo que debe ser, sino simplemente según lo que es. Esto supone una neta separación entre la validez y la valoración del derecho, entre las reglas que pueden ser válidas, aún sin ser justas (de las que también se ocupa la ciencia jurídica), y las que pueden ser justas sin ser válidas: sólo las primeras son objeto del estudio científico del derecho. En este sentido, para el positivismo jurídico el derecho es un mero hecho histórico, y por tanto prescinde de toda legitimación ética. En este tercer momento crítico frente al iusnaturalismo, los juristas, nucleados en el principio de efectividad, dejan de lado toda búsqueda de un fundamento o una legitimación ética, lo que abriría nuevamente la puerta al iusnaturalismo.

 

Si bien encierra varias visiones y concepciones dispares, podemos sostener, en general, que se entiende por “positivismo jurídico” a una doctrina que, frente al tradicional conflicto entre derecho natural y derecho positivo, afirma la exclusividad del derecho positivo. Esta exclusividad tiene distintos significados, según cada una de los tres enfoques que se le de al problema iuspositivista:

 

1.- Relación entre iusnaturalismo y positivismo jurídico como ideologías:

En este campo, ambas “ideologías” se oponen completamente. La máxima fundamental del positivismo jurídico como ideología se puede formular así. “Se debe obedecer las leyes en cuanto son tales”; por el contrario, el iusnaturalismo sostiene: “Se debe obedecer a las leyes sólo en cuanto que son justas”. En el primer caso las leyes son en sí mismas un criterio sobre lo que es justo y lo que es injusto; en el segundo caso, las leyes se encuentran sometidas a un criterio superior de valoración (que surge, según la ética iusnaturalista, en la conciencia de la naturaleza humana). En el primer caso se puede hablar de una ética legalista, por la que existe sólo lo justo legal; en el segundo caso, hablamos de una ética naturalista, por la que existe también (o sólo) lo justo natural. La actual polémica antipositivista imputa al positivismo jurídico una cierta toma de posición o, en otras palabras, el paso subrepticio de un determinado método de investigación o de una determinada teoría a la declaración y exaltación de ciertos ideales condenables, como la idolatría del estado, la exaltación del jefe, la despersonalización, etc. No discuto que históricamente el positivismo jurídico pudo haber contribuido con tales regímenes nefastos; pero creo que la crítica no tiene fundamento. Me limito sólo a hacer notar que, si se considera al positivismo no como un método o una teoría del derecho, sino como una ideología de la justicia, el iusnaturalismo se presenta, frente a esto, no como otro método u otra teoría, sino como otra ideología, y la relación entre uno y otro, a este nivel, se da como una relación entre dos morales que se excluyen recíprocamente.

Bobbio también agrega que, también a este nivel, la contraposición entre positivismo jurídico y iusnaturalismo no se presenta siempre de manera clara. En este campo, la oposición se hace notar cuando analizamos las versiones más radicalizadas de ambas ideologías. Pero estas versiones radicales existen sólo a través de la reconstrucción de que ellas hacen los adversarios a fin de presentarlas de manera más simple. Tanto en el positivismo jurídico como en el iusnaturalismo existen versiones más radicales y más moderadas, que podemos sintetizar en cuatro formas típicas de concepción sobre la justicia:

a) la ideología positivista radical sostiene que las leyes deben ser obedecidas porque son justas en cuanto son tales (teoría de la obediencia activa);

b) la ideología positivista moderada sostiene que las leyes deben ser obedecidas en cuanto tales porque la legalidad garantiza por sí misma la actuación del valor específico del derecho, esto es, el valor del orden y de la paz social (teoría de la obediencia condicionada);

c) la ideología iusnaturalista radical sostiene que las leyes deben ser obedecidas sólo cuando son justas y, debido a que no todas las leyes son, por el sólo hecho de ser válidas, también justas, existe en todos los hombres un derecho a la desobediencia (teoría de la desobediencia activa, o de la resistencia);

d) la ideología iusnaturalista moderada sostiene que las leyes pueden ser injustas, pero deben ser obedecidas, salvo en casos extremos (teoría de la desobediencia condicionada o de la obediencia pasiva).

Ahora bien, si dejamos de lado las corrientes radicales, la demarcación entre las ideologías positivista e iusnaturalista comienza a desvanecerse. Tanto la teoría positivista moderada, según la cual las leyes deben ser obedecidas porque la obediencia a las leyes tiene por sí misma un valor positivo para el orden social, cuanto la teoría iusnaturalista moderada, según la cual las leyes pueden ser desobedecidas solo si la desobediencia no pone en riesgo el orden social, se nos presentan como dos corrientes que buscan proteger el valor del orden.

Ambas corrientes conducen a un resultado análogo, consistente en inducir a la gente a obedecer en el mayor número de casos a las leyes, si bien este objetivo se busca de distintas formas:

1.- a través de medios diversos: en el positivismo, atenuando el rigor del deber de obediencia; en el iusnaturalismo, poniendo límites al deber de desobediencia, y

2.- a partir de presupuestos diversos: para el positivista moderado el orden es un bien, aunque no sea siempre el mayor de los bienes; y para el iusnaturalista moderado, aceptando un mal menor.

 

Relación entre iusnaturalismo y positivismo jurídico como teorías generales del derecho:

Cuando analizamos a estas dos corrientes como teorías generales del derecho, es decir, como modos de entender y explicar el fenómeno jurídico, se nos presenta inicialmente la vieja distinción entre una concepción voluntarista (ratione imperii) y una racionalista (imperio rationis) del derecho. El positivismo jurídico no es una exaltación del estado como persona moral, no tiene nada que ver con una idolatría del Estado (statolatria). Es, en cambio, una simple elaboración teórica, y si se quiere dogmática, del voluntarismo jurídico. Una vez entendido al derecho como la voluntad del soberano, surgen de allí los dogmas de la supremacía de la ley sobre las demás fuentes y de la norma como imperativo, el reclamo a la voluntad tácita para justificar la costumbre, a la voluntad presunta para justificar la expansión del sistema más allá de las normas expresas.

Análogamente, se mira siempre de manera desprejuiciada la historia del iusnaturalismo, sin darnos cabal cuenta de que las doctrinas iusnaturalistas no siempre coinciden, como intentan hacernos creer sus modernos defensores, con una ética de la resistencia a la opresión, con al defensa de la persona contra las pretensiones del Estado, con la libertad individual contra el avasallamiento de la ley, con la autonomía frente a la heteronomía. En el seno de las teorías del derecho natural también se han incubado, de vez en cuando, según los tiempos y las ocasiones, las morales más diversas, tanto una moral de la autoridad como una moral de la libertad; han sido proclamadas en medio de esta corriente tanto la igualdad de todos los hombres como la necesidad del régimen de la esclavitud; tanto la excelencia de la propiedad individual cuanto la excelencia de la comunidad de bienes; tanto el derecho a la resistencia cuanto el deber de obediencia. Se ha podido demostrar, recientemente, con los textos en mano, que uno de los más acérrimos adversarios de los derechos naturales, Burke, era en realidad un iusnaturalista convencido de sus ideas. Es por todo ello que, ante la nueva ofensiva del derecho natural, Pietro Piovani ha desarrollado la teoría de que el iusnaturalismo no es otra cosa que una ética de la ley contrapuesta a la ética de la libertad, y que así considerada, se descubre finalmente como el eterno “perro muerto” de la filosofía del derecho (libro Giusnaturalismo ed etica moderna, Laterza, Bari, 1961).

¿Cómo es posible, entonces, hablar de un solo iusnaturalismo? Sólo se explica, según Bobbio, entendiendo al iusnaturalismo no como una moral o una ideología de la justicia (hemos visto que las morales predicadas bajo la etiqueta de la ley natural son muy diversas), sino como una teoría de la moral (o del derecho), es decir, una teoría para la cual el fundamento de las reglas de la conducta humana no debe ser buscado en la voluntad del legislador (divino y humano), entidad que por su esencia es mutable, sino en la constante, uniforme y sempiterna naturaleza humana. En este sentido, el iusnaturalismo es uno de los modos recurrentes en los que se presenta una teoría objetivista de la ética. Se entiende que quien buscar una ética común a todos los iusnaturalistas no logra encontrarla, y si no renuncia a esta búsqueda termina enredándose en la maraña de distinciones entre los verdaderos y los falsos iusnaturalistas, entre el iusnaturalismo genuino y el iusnaturalismo aparente. Pero estó ocurre porque se intenta interpretar al iusnaturalismo como aquello que no es, es decir, como un determinado sistema de valore y de prescripciones, mientras que en realidad es un conjunto de consideraciones más o menos realistas sobre la naturaleza humana, destinadas a fundar objetivamente un sistema de valores, cualquiera sea éste. De esta forma se termina evidenciando que el iusnaturalismo no es una determinada moral (como pueden sí serlo el cristianismo, el hedonismo, el utilitarismo, el marxismo), sino un modo de fundar la moral (cualquier moral), de allí que no causa ningún estupor entender que Burke era un convencido defensor de las leyes naturales mientras que también lo eran sus adversarios, y no caeremos aquí en las categorías historiográficas incorrectas que hablan de verdadero y falso iusnaturalismo: tanto Burke como sus adversarios tenían en común la creencia sobre que el argumento de mayor validez a la hora de sostener la ideología iusnaturalista era presentarla como fundada en la naturaleza del hombre. En este punto, Bobbio bromea y, suspirando, agrega: “¡Oh natura dell’uomo che cosa non hai potuto giustificare!”.

Del fundamento iusnaturalista del derecho surgen normamente algunas tesis sobre los aspectos principales de la experiencia jurídica, que se presentan en neto contraste con las respectivas tesis positivistas:

1.- las leyes de la conducta se entienden no como mandatos sino como dictamina rectae rationis;

2.- la naturaleza de las cosas, y no la legislación, es la fuente principal de la producción jurídica;

3.- la inadecuación e intrínseca falta de completitud del ordenamiento jurídico positivo;

4.- la libre búsqueda del derecho, no sólo dentro del derecho positivo, por parte del juez a los fines de integrar, adaptar y mejorar al ordenamiento dado.

Pero, según Bobbio, los iusnaturalistas no han desarrollado estos puntos de manera sistemática. Han sido muchas veces puestos en evidencia por las corrientes sociológicas y realistas del derecho que pueden ser consideradas, bajo ciertos aspectos, como una forma de iusnaturalismo moderado. El iusnaturalismo y el positivismo jurídico, en tanto teorías del derecho, representan dos polos extremos, entre los cuales se desarrollan varias teorías intermedias.

 

Relación entre iusnaturalismo y positivismo jurídico como modos diversos de aproximación al estudio del derecho.

Por último, analicemos la contraposición entre positivismo jurídico y iusnaturalismo, partiendo de la consideración del positivismo jurídico como un modo de aproximarse al estudio del derecho, y, en particular, como aquel modo que, prescindiendo de todo juicio de valoración, se ocupa del derecho como un hecho histórico y social, y lo estudia con metodología científica. Sólo en esta concepción podemos decir que el positivismo jurídico tiene algo en común con el positivismo filosófico: el positivismo jurídico busca la adopción del método positivo a fin de estudiar el derecho positivo. En esta última frase, el primer “positivo” se refiere al positivismo filosófico, y el segundo al positivismo jurídico.

Frente a esta posición iuspositivista, el iusnaturalismo se manifiesta como dos exigencias:

1.- la exigencia de contraponer a la ética de la estricta legalidad (dura lex sed lex) una ética de la justicia; y,

2.- la exigencia de hacer derivar el conocimiento sobre lo que el derecho es de una entidad constante como la voluntad del legislador.

En este nuevo contexto, el iusnaturalismo se manifiesta como la búsqueda de una definición valorativa del derecho, es decir, la búsqueda de una definición que, considerando el derecho no como un mero hecho sino como algo que tiene (o realiza) un valor, limite el uso del término derecho al derecho justo. Si en un primer contexto el iusnaturalismo se presenta como una corriente polémica contra el formalismo ético, y en el segundo como una crítica contra el formalismo científico, aquí la polémica surge contra el formalismo jurídico, esto es, contra la pretensión, del positivismo jurídico, de distinguir el derecho del no-derecho sin hacer ninguna referencia al contenido de las reglas jurídicas: como se ve, la opinión antiformalística del iusnaturalismo se desarrolla en tres planos diversos que conviene distinguir. En otras palabras, esta última contraposición entre iusnaturalismo y positivismo jurídico implica la discusión sobre si conviene introducir en la definición del derecho una referencia al fin (el bien común, la justicia, la paz, etc.) o si es preferible definir al derecho mediante una simple referencia a los procedimientos, descriptibles fácticamente, a través de los que se impone y se hace valer el derecho mismo. Sin dudas, el approach del positivismo jurídico se caracteriza y condiciona por este segundo tipo de definición; y sólo él permite hablar de una ciencia jurídica a-valorativa, que es lo que el jurista, considerado como cualquier otro científico, busca estudiar.

Con referencia a esta característica de a-valoración (en italiano avalutatività) de la ciencia jurídica, la corriente iusnaturalista se presenta como una “crítica de las leyes”. En este sentido, se critica a los defensores del derecho natural pues, contra lo que opina el positivismo jurídico, las corrientes iusnaturalistas pretenden no tanto el análisis del investigador escrupuloso, imparcial, metódico, sino también el acercamiento valorativo del crítico, y de esta segunda actividad depende el cambio, la transformación y evolución del derecho. El positivista insistirá en que se debe distinguir la crítica de las leyes de la crítica de la ciencia jurídica, porque ambas críticas no pueden ser ejercitadas con el mismo rigor, ni pueden ser ambas “ciencias”. Pero, aclara Bobbio, ningún jurista será tan nabo de sostener que frente al derecho no existe otra aproximación que la neutralidad que conviene al científico. En la literatura jurídica se distinguen correctamente las consideraciones de iure condito de las de iure condendo o de política legislativa.

Nos resta una observación: la corriente crítica de las leyes no tiene ninguna relación necesaria con la pretensión de dar una definición valorativa del derecho, si bien ambas tesis se presentan como dos formas del approach iusnaturalista al mundo del derecho: una cosa es decir que no existe otro derecho que aquel que es justo (como sostienen quienes adoptan una definición valorativa del derecho); y otra es decir que el derecho debe ser aprobado o desaprobado en base a determinados valores asumidos como criterios de valoración (como sostienen aquellos positivistas que conciben al derecho como un hecho social).

 

Conclusiones:

Teniendo en cuenta estas tres formas en que se presentaron históricamente las relaciones entre el iusnaturalismo y el positivismo jurídico, surge clara la diferencia entre ambas concepciones jurídicas.

En cuanto se presentan como dos ideologías de la justicia distintas, el iusnaturalismo y el positivismo jurídico son incompatibles (vistos en sus formas extremas); por otro lado representan alternativas entre las cuales no se puede no elegir (es decir, siempre habrá que optar por una o por otra).

En cuanto se presentan como dos diversas teorías generales del derecho, el iusnaturalismo y el positivismo jurídico son también incompatibles, en tanto no se puede sostener conjuntamente la tesis de la superioridad del derecho natural sobre el derecho positivo y la exclusividad del derecho positivo. Pero, si bien se presentan como dos aserciones contrarias que no se pueden aceptar en conjunto, sí pueden ser analizadas juntas: así, por ejemplo, podríamos plantear una teoría que sostuviera que el derecho natural y el derecho positivo son dos species del genus derecho, teoría que no sería ni iusnaturalista ni iuspositivista, sino un tertium quid entre los dos extremos.

Por último, en tanto se presentan como dos modos diversos de aproximación a la experiencia jurídica, como modo de adoptar una posición y como modo de tomar conocimiento, el iusnaturalismo y el positivismo jurídico son perfectamente compatibles mientras operan en dos ámbitos diversos, por un lado el campo de la valoración de la justicia de las leyes en orden a su reforma, y por el otro la interpretación de las leyes a fin de darles una mejor sistematización teórica y una mejor aplicación práctica: en este último caso, la controversia entre los defensores de una y otra corriente resulta absolutamente estéril.

En líneas generales, podemos sostener que las relaciones entre iusnaturalismo y positivismo jurídico son muy variadas y complejas. Jocosamente, se puede decir que, al enfrentarse como ideologías, se muestran más como enemigos que como hermanos; cuando se relacionan como teorías, no son ni hermanos ni enemigos; y en el caso de ser presentados como modos diversos de aproximación al estudio del derecho, son más hermanos que enemigos.

Si retornamos ahora al punto de partida, es decir, a las definiciones del iusnaturalismo y del positivismo jurídico, podemos comprender mejor los diversos significados que se les atribuyen y los diversos ámbitos donde ambas corrientes se enfrentan, a fin de proclamar una de estas dos opciones:

1.- la superioridad del derecho natural, como establecen los iusnaturalistas, que se resume en las siguientes características:

a)  En el plano ideológico, la superioridad del derecho natural significa que existen en ella normas de conducta cuya validez hace a la validez de las normas del derecho positivo, y en cuanto tales deben ser obedecidas con preferencia a estas últimas.

b)  En el ámbito teórico, la superioridad del derecho natural significa que el recurso a la naturaleza, por sobre la voluntad del legislador, ofrece una explicación más adecuada del fenómeno jurídico y una base más sólida a la hora de construir una teoría general del derecho.

c)  En el campo metodológico, la superioridad del derecho natural significa que, frente al estudio científico a-valorativo del derecho se admite la llamada crítica de las leyes, la mejor forma de ejercitar esta crítica es sirviéndose de las orientaciones que provienen de la tradición del derecho natural.

2.- la exclusividad del derecho positivo, como quieren los iuspositivistas, caracterizada por:

a)     En cuanto ideología, se sostiene que se debe obedecer incondicionalmente lo que el legislador establece porque no existen leyes superiores a la ley positiva;

b)     Como teoría, se descarta al derecho natural como una forma de derecho que pueda ser conjugada en el mismo pie de igualdad que las varias formas del derecho positivo.

c)     En tanto método de aproximación al estudio del derecho, el derecho positivo es el único objeto de estudio de la jurisprudencia como ciencia.

 

Por último, otro objetivo que Bobbio intenta mostrarnos  la variedad y complejidad que existe en las relaciones entre iusnaturalismo y positivismo jurídico, y exige que se tome cierta cautela a la hora de calificarle a tal o cual autor el mérito (o demérito) de ser iusnaturalista o positivista. Como demostró Cattaneo en su estudio sobre el positivismo jurídico en Inglaterra, autores que eran tenidos como positivistas, terminan avalando en sus obras tesis que corresponden a la tradición del derecho natural.